La caída de Nicolae Ceausescu en diciembre de 1989 marcó uno de los episodios más dramáticos del final de la Guerra Fría en Europa del Este. Nicolae Ceausescu fue la última pieza en caer del gran dominó de dictaduras comunistas que comenzó a establecer Stalin , en Europa, tras la Segunda Guerra Mundial. Es cierto que el dictador rumano subió al poder cuando el ruso ya había muerto, y que incluso se atrevió a desarrollar una política independiente que desafiaba la influencia soviética en el país, pero no cabe duda de que la cultura del terror que estableció, y que le hizo caer de una manera sorprendente en 1989.
El «golpe» en Rumania
Fue, quizá, el ejemplo más escandaloso de todos. En diciembre de 1947, el país estaba ocupado por el Ejército de la URSS y el Partido Comunista de Gheorghe Gheorghiu-Dej falsificó igualmente las elecciones después de haber sido ampliamente derrotado e hizo dimitir al Rey Miguel I. Fue un golpe de Estado encubierto de democracia, en un momento en el que Ceaucescu ya comenzaba a tener influencia a sus 29 años. Sin embargo, no fue hasta la muerte de Gheorghiu-Dej, en marzo de 1965, cuando este pasó a ser líder del Partido Comunista Rumano y, en 1967, llegó a la presidencia del Consejo del Estado convirtiéndose en una figura popular. Desde ese momento, Ceaucescu vivió su particular sueño. Se ganó la confianza del pueblo rumano cuando, un año después, se opuso a la entrada de las tropas soviéticas en Checoslovaquia y amenazó con el uso de la fuerza si la URSS se atrevía a invadir el país.Muchos líderes mundiales ensalzaban su figura y hasta le recibieron con honores de Estado, pero la realidad no era tan bonita, ya que poco después asumió su papel de dictador implacable e implantó un estado policial de corte estalinista. Alimentó la corrupción y el nepotismo, monopolizó los cargos más importantes en torno a su familia y vivió en la más absoluta opulencia mientras el pueblo se moría de hambre. A finales de 1989, una buena parte de la sociedad rumana estaba hastiada del gobierno del «conducator», como se había hecho llamar para rendir culto a su persona. Su política económica, así como el plan de austeridad draconianas con el que se quiso liquidar la deuda nacional lo antes posible, habían incrementado la pobreza de Rumanía hasta límites insospechados, mientras su familia acumulaba una de las fortunas más grandes de Europa.
El ultimo discurso de Nicolae Ceausescu
El día 21 de diciembre de 1989, cuatro días antes de ser ejecutado, el dictador rumano, Nicolás Ceaucescu, conocido como el “Conductor” , se dirigió al pueblo en estos términos, prometiéndole aumentar el salario mínimo y las pensiones: "esta mañana hemos decidido que, durante el próximo año, aumentaremos el salario mínimo" dijo. Aquel último discurso era la fiel representación de la pérdida del poder, con los silbidos extendiéndose entre la multitud congregada en la plaza central de Bucarest, mientras prometía una ridícula subida del salario mínimo, subsidios para más de cuatro millones de niños o el aumento de las pensiones. Ya era demasiado tarde
Detenidos en una base militar, los Ceausescu enfrentaron un juicio sumario organizado por las nuevas autoridades. El tribunal militar los acusó de crímenes contra el pueblo, corrupción y abuso de poder, sentenciándolos a muerte en menos de dos horas. Su ejecución, llevada a cabo el día de Navidad por un pelotón de fusilamiento, puso fin a más de dos décadas de un Gobierno opresivo y marcó el colapso del régimen comunista en Rumanía, el más violento entre las revoluciones de Europa del Este.Consecuencias del comunismo en Rumania


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