domingo, 10 de mayo de 2020

FRANCO ELEGIDO GENERALÍSIMO

El decreto número 138 de la Junta de Defensa Nacional firmado el 29 de septiembre de 1936 y publicado al día siguiente en la zona dominada por los militares sublevados nombraba a Francisco Franco jefe del Gobierno del Estado Español. En la práctica, este decreto suponía la extinción precisamente del organismo que la emitía y que había coordinado las acciones de los sublevados desde el 25 de julio. Franco a partir de ese momento lo era todo, jefe del Gobierno, del Estado, cabeza del ejército de tierra, mar y aire y como tal mando supremo de las operaciones militares contra el Gobierno del Frente Popular al que acabaría derrocando.
Palacio Episcopal de Salamanca, cuartel general de Franco

La decisión de conceder la jefatura suprema a Franco fue tomada en una reunión de los mandos militares sublevados que tuvo lugar el 21 de septiembre en uno de los barracones del aeródromo de San Fernando habilitado en una finca propiedad del ganadero taurino Antonio Pérez Tarbernero en el término municipal de Matilla de los Caños a unos 30 kms de Salamanca.


En un barracón perfectamente camuflado en medio de un campo de encinas que la aviación alemana había convertido en pista de despegue y aterrizaje, se produjo la reunión definitiva de los generales y coroneles sublevados a fin de unificar el mando en busca de una mayor eficacia en la guerra y en ausencia del en inicio líder indiscutible del levantamiento, el general Sanjurjo, fallecido en accidente de aviación. Presidió el encuentro Cabanellas, y asistieron también los miembros de la Junta, Franco, Mola, Queipo de Llano, Dávila, Saliquet, Gil Yuste, Orgaz, Montaner y Moreno Calderón. El general Kindelán, que no era miembro de la Junta, también estaba presente. Tras decidir que hacía falta nombrar un generalísimo para ganar la guerra, se pasó a elegir a la persona más adecuada. Llegado el momento de votar, los dos coroneles (Moreno Calderón y Montaner) dijeron que preferían abstenerse debido a su inferior graduación (el resto eran generales). Kindelán fue el primero en pronunciarse por Franco, y le siguió Mola; luego también votaron por él Orgaz y todos los demás. Sólo Cabanellas decidió abstenerse.
         


Kindelán hace el siguiente relato de los hechos en su libro La verdad de mis relaciones con Franco (Barcelona, 1981): 


"En la reunión matinal, que duró tres horas y media, nos dedicamos a discutir varios asuntos provistos de interés, pero que no lo tenían tanto como el mando único. Así lo manifesté por tres veces sin conseguir que pusiéramos a discusión este asunto primordial, a pesar de haber sido apoyado activamente en este deseo por el General Orgaz. Me pareció observar, con cierta desilusión, que mis propósitos no encontraban ambiente en la mayoría de los reunidos. Reanudada la junta a las cuatro de la tarde, planteé resueltamente el asunto, sin ambages ni rodeos, encontrando acogida displicente en varios vocales. Hubo la decidida y clara oposición del General Cabanellas, quien sostenía que la cosa le parecía prematura aún, y que no era imprescindible para el mando único que éste recayera en una sola persona, pues había dos modos de dirigir la guerra: por un Generalísimo o por un Directorio o Junta. Yo asentí, precisando: «En efecto, existen esos dos modos de dirigir las guerras; con el primero se ganan, con el segundo se pierden». Por fin, se puso a votación mi propuesta, que fue aprobada con el solo voto en contra del General Cabanellas, fiel a su convicción. Pasóse a votar en seguida el nombre de la persona que había de ser nombrada Generalísimo, y como, al comenzar de moderno a antiguo, los dos coroneles se recusaron como votantes, por su grado, yo, para evitar soluciones violentas y romper el hielo, pedí votar el primero y lo hice a favor de Franco, adhiriéndose inmediatamente a mi voto Mola, Orgaz, Dávila y Queipo de Llano, y sucesivamente, los demás asistentes, salvo Cabanellas, quien dijo que, adversario del sistema, no le correspondía votar persona alguna para un cargo que reputaba innecesario".


Finalizada la guerra, en 1946 volverían a recordarse los hechos, cuando la Diputación de Salamanca decidió erigir un monolito y una capilla en homenaje a Franco. La capilla dedicada a Santiago Peregrino «por expreso deseo de Franco».Se encarga al arquitecto Eduardo Lozano Lardet, con una importante obra «racionalista» en ciudades como Madrid o Valladolid, además de en la propia Salamanca, donde trabajó en la construcción del Hospital de la Santísima Trinidad y como urbanista en el diseño del ensanche. La capilla se acabó en 1949 pero no fue inaugurada hasta siete años después, concretamente hasta que en septiembre de 1956 el propio Franco regresó al antiguo aeródromo de San Fernando para conmemorar sus 20 años como jefe de Estado.

En la actualidad, la ermita se encuentra en ruinas, con el interior vacío, sin puertas ni cristaleras y con el techo a punto de derrumbarse. Del barracón en el que se eligió a Franco jefe absoluto y en el que se ubicó el monolito, solamente queda un espacio de piedras. 

ASEDIO AL ALCAZAR DE TOLEDO



El asedio del Alcázar de Toledo fue una batalla de gran valor simbólico que ocurrió en los comienzos de la guerra civil española. En ella se enfrentaron fuerzas gubernamentales compuestas fundamentalmente por milicianos del Frente Popular y Guardias de Asalto contra las fuerzas de la guarnición de Toledo, reforzadas por la Guardia Civil de la provincia y un centenar de civiles militarizados sublevados contra el Gobierno de la República. Los sublevados se refugiaron en el alcázar de Toledo, entonces Academia de Infantería, Caballería e Intendencia, acompañados de sus familias. Las fuerzas republicanas empezaron el asedio sobre el fortín de los sublevados el 21 de julio de 1936 y no lo levantarían hasta el 27 de septiembre, tras la llegada del Ejército de África al mando del general José Enrique Varela, haciendo Franco su entrada en la ciudad al día siguiente.



Toledo, en armas
Tras el Alzamiento, fueron muchas las ciudades en las que se generalizaron los combates callejeros. Una de ellas fue Toledo, donde se destacaron varios enfrentamientos entre grupos armados y las fuerzas del orden. Tal era la situación y la falta de información que, el 18 de julio, el comandante militar de Toledo y coronel director de la Escuela Central de Gimnasia, José Moscardó, decidió viajar a la capital para tratar de discernir lo que estaba ocurriendo en el país:

«El coronel Moscardó se había trasladado a Madrid con intención de recabar información sobre la situación en el mando de la División Orgánica a la que su comandancia militar pertenecía; en aquellos días preparaba además el coronel (…) la marcha de algunos atletas y la suya propia a la olimpiada que pronto comenzaría en Berlín. Regresado durante la tarde a Toledo, ya conocedor del levantamiento del Ejército de África y del confuso y violento ambiente que reinaba en Madrid, donde pudo ver por la calle civiles armados, acudió a su comandancia y ordenó el acuartelamiento de la escasa guarnición», explica el escritor y experto en historia Francisco Martínez Canales en su obra « Toledo 1936. Asedio y liberación del Alcázar », de la colección « Guerreros y batallas » editada por « Almena »

Sin ambages, el coronel decidió apoyar la sublevación y resistir en Toledo hasta el último hombre. No obstante, en principio prefirió no dar cuenta de ello al gobierno republicano, pues sabía que necesitaba de todo el tiempo disponible para reunir la mayor cantidad de hombres y armamento posibles. 

Pero... ¿por qué Moscardó decidió plantar cara a la República gobernada por el Frente Popular? Realmente es difícil saber que rondaba por la mente de este experimentado militar de, entonces, 58 años. Lo que es cierto es que el coronel tuvo varios desencuentros con el gobierno de Azaña, el cual eliminó los ascensos de muchos oficiales (entre los que se encontraba él) para evitar la saturación de mandos que se cernía sobre el ejército español. Aunque luego recuperó su cargo por antigüedad, parece que al oficial no terminó de gustarle del todo aquel atropello.

Fuera por ello o no, a mediados de julio Moscardó inició los preparativos para aprestarse a la defensa. Su primer objetivo fue hallar un edificio que sirviera como último resguardo en caso de que la ciudad fuera tomada. Sin dudarlo dos veces se decantó por el Alcázar de Toledo, una fortaleza de muros gruesos capaz de resistir cientos de disparos y que, además, estaba ubicada en una posición privilegiada que permitía a sus defensores controlar casi la totalidad del terreno colindante.
Vista del Alcázar antes del asedio

Efectivos para el combate

Una vez seleccionado el refugio, Moscardó llevó a cabo un recuento de los hombres a sus órdenes. El número final era, cuanto menos, insuficiente, pues disponía de unos 410 soldados de la guarnición de Toledo, 110 milicianos, y 90 hombres de diferentes procedencias. Pero, para su regocijo, a sus escasos efectivos se unieron también cuatro compañías de la Guardia Civil que, atendiendo a un plan secreto de actuación del teniente coronel de la benemérita Pedro Romero Bassart, se habían concentrado en los últimos meses junto a sus familias en la ciudad con la intención de refugiarse en el Alcázar.

De esta forma, el coronel pudo reunir en total unos 1.300 efectivos pobremente armados. «Moscardó disponía de un total aproximado de 1.200 fusiles y mosquetones, dos piezas de artillería de montaña de 7 cm, con sólo 50 proyectiles; 13 ametralladoras Hotckiss de 7 mm, 13 fusiles ametralladores de la misma marca y calibre, y dos morteros Valero de 50 mm con 50 proyectiles. A ello añadir 250 granadas de mano Laffite, 25 granadas de mano incendiarias y unos 200 petardos pequeños de trilita», añade el experto en su libro «Toledo 1936. Asedio y liberación del Alcázar». A su vez, en el edificio también se guarecieron más de 600 civiles entre mujeres y niños.

¡La munición no sale de Toledo!
Mientras Moscardó ultimaba los preparativos para su pequeña rebelión toledana recibió una llamada de la República, cuyos responsables aún desconocían sus intenciones e, incluso, seguían creyendo en su lealtad. Concretamente, se hizo saber al coronel que debía enviar a Madrid –en manos gubernamentales- toda la munición guardada en la Fábrica Nacional de Armas de Toledo.El oficial, que no tenía ninguna intención de deshacerse de esta valiosa carga, inició entonces un imaginativo juego en el que, durante tres días, inventó varias y variopintas excusas para evitar que la munición abandonara Toledo. De esta forma, Moscardó pretendía conseguir todo el tiempo que fuera posible antes de declararse en rebeldía. La mascarada duró hasta el 21 de julio, momento en que, después de que fueran descubiertas sus intenciones, se dirigió a la plaza de la ciudad para hacer oficial el estado de guerra. Es decir, la declaración de que la el gobienos frentepopulista era ahora el enemigo a batir. Desde ese momento ya no valían los preparativos ni las jugarretas, pues las tropas gubernamentales no tardarían en llamar a la puerta del Alcázar para conseguir la munición que reclamaban desde hacía varias jornadas.

Llega Riquelme
El mismo día de esta proclamación Moscardó dio órdenes de tomar posiciones alrededor de toda la ciudad. No obstante, los defensores tuvieron finalmente que retirarse hasta el Alcázar después de conocer que había sido enviada una columna gubernamental desde Madrid. De esta forma, las tropas republicanas pisarían definitivamente la ciudad toledana después de acabar con la sublevación que se había vivido en la capital.

Antes de su llegada, los sublevados tuvieron tiempo de llevar hasta el Alcázar los 700.000 cartuchos alojados en la Fábrica de Armas de Toledo, algo que les garantizaba disponer de munición durante un largo asedio. Por su parte ya no podían hacer más, así que se prepararon para defender la fortaleza a toda costa.

El coronel no rindió el Alcázar a pesar de las amenazas contra su hijo. Por su parte, y bajo la férrea premisa de acabar con la sublevación de Moscardó, llegó a la «Ciudad imperial» una columna republicana formada por unos 1.600 soldados acompañados por varias piezas de artillería de 105 mm y algunos vehículos blindados. Al mando de la misma se encontraba el general José Riquelme , un militar dispuesto a hacer valer su experiencia para terminar de una vez por todas, y lo más rápidamente posible, con aquella resistencia.

Con todo, y después de tomar algunas posiciones tácticamente determinantes, el general republicano trató en un principio de lograr la rendición de Moscardó apelando a su racionalidad. «Moscardó recibió varias llamadas telefónicas conminándole a la rendición y entrega de las municiones. De las últimas recibidas destaca la del propio (…) Riquelme, quien llamó desde Toledo preguntándole qué motivos había para la actitud adoptada contra el gobierno de la República, contestando Moscardó que la República estaba ahora en poder del marxismo y que consideraba deshonrosa e indigna la orden de entregar a las milicias rojas el armamento de los caballeros cadetes», añade Canales en su obra, editada por «Almena».

Ficha en dibujo del asedio al Alcázar de Toledo

«Di un viva a España y muere como un hombre»

Apenas un día después de que se produjera esta conversación, el 23 de julio, se vivió en el Alcázar uno de los episodios más famosos y difundidos a lo largo de la historia. En un intento de empujar a los defensores a abandonar la fortaleza, el jefe de milicias de Toledo contactó por teléfono con Moscardó para informarle de que tenía preso a su hijo Luis e informarle de que, si no rendía el Alcázar en diez minutos, el joven sería fusilado.

Al parecer, y según recogen los investigadores e historiadores Alfonso Bullón de Mendoza y Luis Eugenio Togores en su obra «El Alcázar de Toledo. Final de una polémica», Luis cogió el teléfono para demostrar a su padre que había sido capturado. Sin embargo, lejos de pensar en rendir su posición, Moscardó le respondió: «Si es cierto (que te van a fusilar) encomienda tu alma a Dios, da un viva a Cristo Rey y a España y serás un héroe que muere por ella. ¡Adiós, hijo mío, un beso muy fuerte!». Con todo, finalmente las tropas republicanas no materializaron sus amenazas y optaron por arrestar al joven.

Tras las intentonas republicanas de rendir el Alcázar sin combatir, empezó el sitio. Ya no había cabida para la paz y, como era de esperar, Riquelme ordenó el constante bombardeó de la fortaleza mediante la artillería de 105 mm y cuatro nuevas piezas de 155 mm. A partir de aquella jornada, raro fue el día en que los sitiados no recibieron decenas de descargas.


Las duras condiciones del asedio
Por su parte, los defensores tuvieron que hacer frente a la escasez de víveres, algo que les obligó, por ejemplo, a tener que matar a sus caballos para poder llevarse a la boca algo de carne. Al menos, eso es lo que ha quedado recogido en el «El Alcázar», un panfleto que, editado dentro de la fortaleza, era repartido a diario entre los defensores para mantenerles informados de lo acaecido el día anterior y elevar su moral.

«Anteayer, por la tarde, comimos un excelente estofado de carne de caballo, excelente en condimentación y en sí; carne sustanciosa y jugosa de blandura casi similar a la ternera fue despachada con júbilo y reconocimiento hacia los autores de la idea; nos dicen que escasísimos elementos, llenos de algún prejuicio imaginativo, tuvieron algún reparo; nada más lógico; el caballo es animal limpio y pulcro, al extremo de que ni come, ni bebe nada que no esté en las mejores condiciones; el género de alimentación, exclusivamente vegetal, hace que nada pueda justificar aquellos prejuicios; las condiciones de sabor y alimentación (valor nutritivo), superan las de la raza bovina; el aspecto natural es también mejor que el de las clases comunes de carne», explica el número de «El Alcázar» entregado a los defensores el 29 de julio.

El pequeño diario era utilizado además por Moscardó para dictar nuevas normas entre sus hombres: «También nos indican que se ponga cuidado en la provisión de agua, no cometiendo, si no abusos que nadie los comete, dispendios para otros menesteres que no los de la bebida; entendemos que dado el buen espíritu de todos será atendido ese requerimiento oficioso de un mando que siempre quiere ser paternal, pero que sabe ser militar y enérgico cuando las circunstancias lo requieren» se destaca también en el panfleto del 29 de julio.

A pesar de todo, y según declararon posteriormente varios supervivientes, la comida empezó a escasear rápidamente, lo que obligó a reducir repentinamente las raciones de carne a la mitad y racionar el agua a un único litro por persona al día. No obstante, algunos defensores llevaron a cabo diferentes salidas en las que consiguieron «requisar», sobre todo, trigo. Más que de alimentos, los sublevados se nutrían de la esperanza de que el Ejército de África –al mando del general Varela-, llegara hasta Toledo y les liberara.

Agosto, el mes del ingenio
Con el paso de las semanas, la situación se fue poniendo cada vez más fea para los dos bandos. Y es que, por un lado, los asaltantes sabían que las tropas de Franco podían caer sobre ellos si no acababan con el asedio rápidamente y, por el otro, a los defensores empezaban a escasearles varios productos de primera necesidad. De hecho, en aquellas jornadas más de dos docenas de soldados a las órdenes de Moscardó decidieron capitular y entregarse a las tropas asaltantes.

Mientras, los disparos de la artillería seguían resonando día tras día sobre las murallas del Alcázar como si se trataran de una siniestra banda sonora, aunque sin provocar muchas bajas. De hecho, Moscardó tuvo que hacer uso de su panfleto diario para establecer unas normas básicas de higiene, pues sabía que las enfermedades podían ser una de las pocas causas que acabaran con sus tropas.

«Se nos ruega que hagamos unas ligeras indicaciones sobre motivos de higiene (…) Precisa un celoso cuidado el no realizar las evacuaciones fuera de las letrinas; todos debemos erigirnos en vigilantes y propugnadores de esta medida elemental de higiene, que de no adoptarla a rajatabla tendría consecuencias funestas e incalculables con respecto a la salud de todos, mucho más temibles que las que puede originar el fuego enemigo, y las razones son tan elementales y claras que no vale la pena enumerarlas», señalaba el diario «El Alcázar» del 3 de agosto.

Los republicanos, por su parte, y a sabiendas de que la toma del Alcázar de Toledo suponía dar una imagen de poder a nivel internacional, trataron por todos los medios de acabar con los hombres de Moscardó. Así, durante este mes intentaron, entre otras cosas, incendiar el edificio, volar la cocina de la fortaleza para evitar que se pudiera hacer la comida e, incluso, lanzar gases lacrimógenos contra los sublevados.

«Al parecer, llegaron a Toledo en estos días dos representantes franceses de una empresa de productos químicos (gases de guerra, según dice literalmente el informe de la Columna de Toledo) que había ofrecido al gobierno de la República su empleo como posible solución al asedio al Alcázar», destaca Canales en su obra. Para desgracia republicana, ninguna de las ideas dio sus frutos.

Pero, lejos de desmoralizarse, los sublevados pronto renovaron sus ánimos, pues recibieron mediante un correo aéreo varias cartas de Francisco Franco informándoles de que pronto serían liberados. Instados a la defensa, los soldados ocuparon sus posiciones con más esperanzas que nunca.

Finalmente, y ante la imposibilidad de tomar la fortaleza por la fuerza, la República decidió en Consejo de Ministros iniciar la construcción de dos minas bajo el Alcázar. La idea gubernamental consistía, concretamente, en llenar de explosivos los conductos subterráneos para volar el edificio en su totalidad y, así, acabar de una vez por todas con la resistencia de los hombres atrincherados en su interior. A su vez, se intensificó el cañoneo sobre el Alcázar, cuya fachada norte, muy debilitada, terminó derruyéndose.

Una mala explosión
Con la llegada de septiembre los defensores contaban ya los 41 días dentro del Alcázar, sin duda un largo período tanto para los nacionales como para las tropas gubernamentales. Estos últimos parece que decidieron cambiar de estrategia con el comienzo del nuevo mes pues, antes de detonar las cargas explosivas que habían preparado, enviaron a un emisario para tratar, por última vez, de convencer a los hombres de Moscardó de rendir la fortaleza.

Este cometido fue puesto en las manos de Vicente Rojo, el cual no solo no consiguió que se rindiera el Alcázar, sino que volvió a la base con una petición de Moscardó. En ella, el coronel solicitaba a los oficiales republicanos el envío de un sacerdote para que bautizara a dos niños que habían nacido durante el asedio y diera una misa en la fortificación. El elegido fue el padre Camarasa quien, a sabiendas de que los sitiadores pretendían volar el edificio, les absolvió de sus pecados antes de partir.

Cuando el 18 de septiembre acabaron los trabajos de construcción de la mina, todo era optimismo entre los republicanos. Tal era la confianza en el plan de asedio que el mismísimo presidente del Gobierno Largo Caballero acudió a ver la operación. Y no fue sólo, sino que llevó consigo a un gran séquito de periodistas internacionales para que, en primera persona, advirtieran como la República acababa con aquella sublevación.

«Las gestiones para lograr la rendición de los sitiados, o al menos la evacuación de mujeres y niños habían sido infructuosas, el Ejército Expedicionario de Varela avanzaba por el Tajo… el viernes 18 de septiembre de 1936, tras media hora de bombardeo artillero, a las 6:31 de la mañana una mano desconocida activó el mecanismo eléctrico que produjo la explosión junto a los sótanos del Alcázar de dos minas cargadas con aproximadamente 2.500 kilos de trilita cada una de ellas», añade el autor español en su obra.



El asalto final

Unos segundos después de accionar las palancas de los detonadores, una ensordecedora explosión encogió los corazones de todos los allí presentes. Tras disiparse el humo, los asaltantes observaron que el torreón suroeste y la fachada oeste habían quedado convertidas en una pila gigantesca de escombros y cenizas. Era el momento de hacer sangrar a los sitiados.

Después de la explosión, comenzó un asalto masivo por parte de 4 columnas republicanas (unos 2.500 soldados). Sin embargo, lo que no sabían las tropas gubernamentales es que se dirigían a una trampa mortal provocada por la explosión que ellos mismos habían llevado a cabo.

Fue un desastre. La primera columna, la cual pretendía avanzar por el lugar en el que habían hecho explosión las minas, se encontró con que la detonación había creado un gigantesco cráter casi impracticable. Sus vidas estaban sentenciadas ya que, en cuanto intentaron atravesar esta gran abertura, fueron tiroteados a placer desde la parte superior de las ruinas del Alcázar.

Tampoco tuvieron demasiada suerte las tropas que trataron de asaltar la zona sureste y oeste del edificio, pues recibieron una ingente cantidad de fuego de fusilería por parte de los defensores. Únicamente las fuerzas que atacaron la fachada norte lograron poner los pies sobre el suelo del Alcázar, pero, ante la falta de refuerzos, terminaron cayendo frente a los sublevados en un sangriento intercambio de balas. Ni siquiera los vehículos blindados pudieron modificar el resultado de la batalla, pues los escombros redujeron drásticamente su capacidad de movimiento.

A las pocas horas, una vez que se disipó el humo de la artillería y los fusiles, el panorama era dantesco. Y es que, aunque los defensores habían considerables bajas (aproximadamente 60) el asalto no había conseguido su objetivo. Tras el catastrófico asedio, los republicanos volvieron a su plan original: bombardear con artillería el Alcázar hasta reducirlo a cenizas.

Llega Varela
No obstante, la situación había tomado ya un rumbo inamovible y, aunque en los días posteriores los republicanos trataron de asaltar el Alcázar, fueron rechazados de nuevo. Finalmente, y después de decidir desviarse a costa de no presionar Madrid, las tropas de Varela llegaron a las inmediaciones de Toledo el día 28 y, para felicidad de los sitiados, liberaron la fortaleza.

Mientras, las tropas gubernamentales decidieron retirarse para evitar ser atrapadas entre dos fuegos. Había acabado la batalla por el Alcázar de Toledo, y lo había hecho con más de 90 fallecidos por el bando nacional y una cantidad imposible de cuantificar por parte del ejército gubernamental.

Después de la liberación se vivió, al parecer, el último suceso destacado y que aún resuena en el imaginario colectivo. Cuando Varela visitó las ruinas del edificio que había cobijado a los sublevados durante más de 70 días, Moscardó no lo dudó e informó con la siguiente frase: «Mi general, sin novedad en el Alcázar». Por este heroico se le concedería a Moscardó la más alta condecoración española al valor, la Cruz Laureada de San Fernando.

El general Moscardó,  aún con barba, refiere a Franco y al general 
Varela -en el centro- los detalles del asedio al Alcázar de Toledo. 

LAS BANDERAS Y LEMAS DE LA GUERRA CIVIL

Como en todos los conflictos las banderas y lemas jugaron un papel fundamental en la Guerra Civil española en ambos bandos, pues a su carácter de símbolos aglutinantes e identificativos de grupo se unió su función de elevar la moral de la tropa en conjunción con los respectivos himnos y canciones.

Aunque se tiene una visión muy homogénea de los dos bandos que se enfrentaron en la guerra, la realidad es que los distintos grupos y partidos que componían cada uno mantuvieron cierta autonomía, al menos nominalmente, como demuestran permanencia de las banderas y lemas de todos ellos. Bien es cierto que esto fue mucho más acusado en el llamado bando republicano, pues en el nacional, tras el Decreto de Unificación de 1937, todo quedó subordinado a la autoridad militar y la enseña bicolor adquirió una preeminencia indiscutible. Por el contrario, en el bando republicano, aunque nominalmente la bandera tricolor era la aglutinante de las distintas facciones, cada grupo político o regional primó hasta el final sus propios signos partidistas. Veamos resumidamente algunos de los más significativos de todos de los componenetes de ambos contendientes.


CARLISTAS. DIOS, PATRIA, REY.
Los carlistas fueron uno de los principales sustentos del Alzamiento del 18 de julio, especialmente en la Navarra que se sublevó y puso a las órdenes de Emilio Mola. Se calcula que unos 60000 voluntarios requetés (milicia paramilitar carlistas) participaron en la Guerar al lado de Franco. «Dios, Patria, Rey» fue el lema triádico del carlismo, que sintetiza su aspiración de una monarquía católica y tradicional. El lema se hizo popular en la Marcha de Oriamendi, himno carlista a partir de la década de 1930 cuya letra comienza con las palabras «Por Dios, por la Patria y el Rey». Su origen se remonta a la batalla de Oriamendi (1837) con letra original en vascuence.
Respecto a su enseña, el carlismo mantuvo la cruz roja de San Andrés propia sobre paño blanco, aunque casi siempre asociada a la bicolor bandera nacional. Tampoco serían infrecuentes las que mostraban el Sagrado Corazón de Jesús o una combinación de todas. En cualquier caso, los signos religiosos, en especial la cruz cristiana, fueron seña de identidad del carlismo.
El trilema carlista en un sello emitido
durante la T
ercera Guerra Carlista (1875)
Requetés de San Millán de la Cogolla



FALANGISTAS. ARRIBA ESPAÑA.

El otro pilar político fundamental del Alzamiento Nacional fue la Falange. Este partido político, de inspiración fascista, fue fundado en 1933 por Jose Antonio Primo de Rivera. Un año después  se fusionó con las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista (JONS), fundadas por Onésimo Redondo y Ramiro Ledesma Ramos, entre otros. El nuevo partido paso a denominarse Falange Española de las JONS (FE de las JONS). Su lema e identificativo entre camaradas fue "Arriba España" y en sus banderas, de color rojinegro, figurarían los símbolos heráldicos personales de los Reyes Católicos, el yugo y las flechas. La impronta falangista fue muy fuerte en los promeros años del régimen franquista, aunque bastante ahormada al nuevo sistema político tras el Decreto de Unificación de 1937. El yugo y las flechas también se incorporó al escudo de la bandera nacional durante el periodo franquista. Saludo a la romana y bandera compartieron protagonismo con su himno, el Cara al Sol.


        
      Bandera de Falange Española
                                  


La fusión de los símbolos carlistas y falangistas con los propiamente nacionales (bandera e himno), aunque con la superioridad de estos, y la omnipresencia del catolicismo, constituirán la esencia del nuevo régimen implantado por Franco. Tal vez nada lo simbolice mejor que el triple himno, vigente de 1938 a 1945 en los cierres de emisión de RNE. 

En el llamado bando republicano, las fuerzas políticas también fueron muy heterogéneas. En todos los partidos y sindicatos de inspiración marxista, la simbología, tanto en lemas como banderas, se inspiró en la Rusia soviética, objeto de fascinación desde 1917. Sólo los pequeños partidos republicanos de izquierdas, cada vez más insignificantes, buscaron sus modelos en la Francia revolucionaria de 1789, poniéndose de moda entre ellos "La Marsellesa" o los eslóganes "Libertad, Igualdad, Fraternidad", así como el gorro frigio.  La atracción por la URSS se evidenció con la unificación de las juventudes del PSOE y PCE a nivel nacional o con la fusión en Cataluña de socialistas y comunistas en el PSUC. Así, incluso en los marxistas independientes del POUM, la parafernalia soviética de saludos y banderas rojas acabó imponiéndose. La hoz y el martillo y la estrella de cinco puntas estuvieron omnipresentes en todos ellos, así como el saludo puño en alto, o los lemas UHP (Uníos Hermanos Proletarios), "Salud y República" o, includo "Viva Rusia". También fueron corrientes el "No Pasarán" o el tildarse de antifaccista en consonancia con las directrices de la Komintern, y las versiones españolas de "La Internacional"

         


SOCIALISTAS. UGT.
                

COMUNISTAS. JUVENTUDES Y PARTIDOS UNIFICADOS.

ANARQUISTAS. FAI. CNT.
Mortales enemigos de los marxistas al anteponer la revolución a cualquier otra consideración, compartieron con la Falange los colores rojinegros de sus banderas. Sus lemas siempre aludían a la tríada Libertad, Tierra y Revolución.

NACIONALISTAS VASCOS Y CATALANES.
Tanto unos como otros vieron en la guerra la oportunidad de hacer realidad sus aspiraciones de construir un estado propio. De ello se queja continuamente el presidente de la Republica, don Manuel Azaña. Por ello lemas y banderas empleados buscaron acrecentar el sentimiento identitario de esas regiones gobernadas por el PNV y Esquerra Republicana-Estat Catalá. Los lemas como "Gora Euzkadi" o "Visca Catalunya" se generalizaron contraponiéndolos al "Arriba España" del otro bando, buscando la apariencia de contraposición entre dos países distintos. Ikurriñas y esteladas fueron paulatinamente suplantando a la bandera oficial republicana.
                  

viernes, 8 de mayo de 2020

CANCIONES DE LA GUERRA CIVIL

Las canciones de la guerra civil Española fueron parte fundamental de la propaganda de la época, escritas con profusas referencias para llegar de manera fácil y clara a la comunidad. Mientras algunas fueron creadas para la guerra, también se adaptaron:
  • Nuevas letras.
  • Poemas.
  • Texto a melodías tradicionales. 
Difundidas rápida y eficientemente por la transmisión oral, de una gran parte de ellas se desconoce su autoría aunque en su órigen fueran escritas por poetas y compositores reconocidos.


Durante el conflicto, fueron cantadas por los simpatizantes y combatientes de ambos bandos, conocidos como republicanos partidarios del Frente Popular y la II República Española, y los nacionales Ejercito sublevados comandados por el general Francisco franco.
Francisco Franco

Muchas de ellas aún se interpretan y permanecen en la memoria colectiva de los españoles, y su alcance internacional también es notable.

Estas canciones servían para levantar la moral en las trincheras y las barricadas urbanas, para difundir mensajes ideológicos, dar motivos y razones para la lucha, potenciar el sacrificio. Fueron entonadas por los integrantes de las Brigadas internacionales y de las distintas tendencias ideológicas:
  1. Anarquistas
  2. Socialistas
  3. Comunistas
  4. Liberales
  5. Republicanos
  6. Falangistas
  7. Nacionalistas
  8. Católicos
  9. Carlistas entre los sublevados.
Para identificarse mutuamente según la colectividad de origen o la afinidad política externamente entre bandos e internamente entre dacciones del mismo. 

Fueron una de las variadas herramientas utilizadas con el mismo objetivo, aunque sin duda una de las tres más destacadas junto a la carteleria y el cine.

En esta relación permanente entre la música y la sociedad, las guerras ocupan un lugar de honor. Casi todas las guerras y revoluciones se hacen al son de cánticos y música.  
En una época en la que la propaganda estaba en todas partes, en la que cualquier medio de expresión era útil para infundir en los combatientes y en la retaguardia una moral de victoria que ayudara a ganar la guerra, la música también cumplió su papel.
Medios de expresión:
  • Prensa
  • Radio
  • Cine
  • Carteles
  • Teatro
  • Poesía
La descompensación entre la efectividad y la calidad de la música en ambas zonas fue evidente y se puede apreciar con el paso del tiempo. En la zona sublevada imperaron las canciones de carácter militar, y sólo algunos como los Falangistas crearon sus propias composiciones en las que se hacían algunas referencias al trancurso de la guerra.

La falange española fue un partido político español de ideología falangista, fundado el 29 de octubre de 1933.

José Antonio Primo de Rivera

 
Los himnos

En los cancioneros nacionales y republicanos se pueden encontrar diversas tipologías de himnos, identificadores de los diferentes colectivos presentes en cada bando. Algunos de estos himnos, anteriores a la contienda, cobraron valor durante la Guerra Civil, otros fueron compuestos durante el conflicto bélico en busca de establecer una composición sonora representativa que hiciese las veces de aglutinante en unos bandos heterogéneos. 

Los himnos suelen tener un carácter simbólico, en un tono habitualmente elevado, con el que ensalzan los valores del grupo al que representan.


El impulso institucional

Dentro de la enorme labor educativa que la república desarolló durante su corta existencia, la música estuvo presente desde el principio. el 21 de julio de 1931 se creó la Junta Nacional de Música y Teatro líricos, en la que estaban representados algunos de los compositores más prestigiosos de la época
  1. Manuel de Falla
  2. Joaquín Turina
  3. Conrado del campo
  4. Salvador Bacarisse
  5. Ernesto Halfter
Un decreto publicado el 15 de septiembre pretendía ya poner en marcha toda una serie de actuaciones necesarias para reordenar la vida musical española en todos sus apartados, desde la incentivación de la creación hasta la enseñanza musical, pasando por la investigación musicológica, junto con la creación de orquestas y teatros, así como la base de un entramado para la difusión. Las misiones pedagógicas, en su tarea de difusión de la cultura en las zonas rurales del país, contaron entre otro materiales con discos con música clásica y con grabaciones del cancionero tradicional español realizadas por el coro de las misiones dirigido por Eduardo Martínez Tomer, quien también era el encargado de recopilar las canciones tradicionales. En cada pueblo al que acudían las Misiones se dejaba una pequeña biblioteca, y en ocasiones, un gramófono con un pequeño lote de estos discos.


Gramófono.

La accidentada vida de la república no permitió que estos esfuerzos cristalizaran en realizaciones prácticas consolidadas, y el estallido de la Guerra Civil acabó en buena parte con estos propósitos de revitalización de la música culta y de su difusión al pueblo, que fueron sustituidos o al menos desplazados por la necesidad de una música con finalidad propagandística al servicio de la causa republicana.

Conclusiones

Como en cualquier otra guerra civil, cuando el proceso institucionalizador de un régimen se dirime de forma violenta, en España entre 1936 y 1939 la música de ambos bandos afloró por igual a la superficie, actuando como elemento de refuerzo de los sistemas imperantes en los dos territorios en que había quedado dividido el país. Pero uno de los bandos se impuso, y su música también. Desde 1939, comenzando por el chotis ya hemos pasao de Celia Gaméz.





Recién acabada la guerra, la música sirvió para transmitir a los españoles la visión que el franquismo tenía del país. Una visión que, en lo esencial, acabó siendo la de la sociedad tradicional, militarista, clerical y nostálgica de antiguas glorias imperiales, que había prevalecido hasta 1931 salvo raros intervalos de tiempo. Y esta función de refuerzo del sistema permanecería en exclusiva hasta que, a partir de los años sesenta, los cantautores iniciaran una nueva corriente de oposición. 
Mientras tanto, la música del bando republicano compuesta y cantada durante la Guerra Civil, obligada a sumergirse tras la derrota, parecía destinada a  perderse para la historia como había ocurrido con tantas canciones que habían sido la banda sonora de rebeliones y revoluciones anteriores. Sorprendentemente no ocurrió así. Muchas coplas y muchas variantes de canciones populares desaparecieron, pero las grabaciones y las recopilaciones impresas que comenzaron a editarse ya en plena contienda contribuyeron a crear el concepto de cancionero de la Guerra Civil. Y este cancionero, de raíz mayoritariamente tradicional, dio pronto la vuelta al mundo y perduró con los años, tanto en la memoria de los vencidos como en los sectores progresistas del resto del planeta. Ya a finales de los años treinta se hicieron internacionales las versiones cantadas por el alemán Ernst Busch y por norteamericanos como Woody Guthrie o Pete Segger. En los años setenta, el chileno Rolando Alarcón o el mexicano Oscar Chávez grabaron discos monográficos a partir de este cancionero. 

Cuando se recuperó la democracia en España, el Coro Popilar Jabalón publicó varios discos de himnos y canciones, mientras comenzaban a rescatarse las grabaciones más antiguas. Y aún hoy, setenta años después del incio de la guerra, hay grupos que graban nuevas versiones de estos  temas con arreglos,digamos, alejados de los tradicionales.

lunes, 4 de mayo de 2020

BOMBARDEO DE GUERNICA

Introducción:
El bombardeo de Gernika (Operación Rugen) fue un ataque aéreo realizado sobre esta población vasca el 26 de abril de 1937, en el transcurso de la guerra civil española, por parte de la Legión Cóndor alemana y la Aviación Legionaria italiana, que combatían en favor del bando sublevado contra el gobierno de la Segunda República Española.


Gernika devastada tras el bombardeo.
Testimonio:
   " Yo cruzaba cadáveres de mujeres y niños que habían sido muertos, según huían de el pueblo, por las bombas y las ametralladoras de los aviones. 'Ayes' de moribundos y agonizantes destrozaban de mis oídos. Nunca podré olvidar aquel cuadro trágico en el que una mujer llevaba entre sus brazos a un niñito y lo estrechaba contra su pecho. El niño gritaba: Amatxo, hiltazera noa (Amatxo, voy a morir), y la madre envolviendo a su hijito con los cabellos desgreñados, mientras corría inconscientemente, al azar, le responde: Ez beldurtu ume; biak hilko gara (No te asustes, hijo, moriremos los dos). Apenas había terminado la madre de hablar, un avión, descendiendo a 20 metros, los ametralló y mató". Este es solo uno de los testimonios que el 26 de abril de 1937 sobrevivió al bombardeo de Gernika. Xabier Irujo, director del centro de Estudios Vascos de la Universidad de Nevada, desmonta las mentiras sobre el indiscriminado ataque en su libro Gernika.
                                   

Desesperación en las calles de Gernika.

 Las mentiras de Gernika:
 El 26 de abril, el día del ataque, había mercado, como cada lunes, y la villa podía albergar hasta 12000 personas. El Gobierno de Euskadi había enviado trenes especiales a fin de abastecer de comida o la masa de refugiados de Bilbao, que sufría los efectos del bloque naval. En bilbao había hambre y en Gernika había comida, de modo que se enviaba fundamentalmente a mujeres y niños a comer a estas mercados situados en áreas rurales con abundancia de huertas y campos de siembra.
1-Gernika, ¿un bombardeo de terror y un experimento de guerra?
   Ambas cosas. Mediante estas bombardeo se pretendió sellar la guerra en Euskadi pero al mismo tiempo el mando alemán y, en particular el coronel Wolfram von Richthojen, experimentaron en Gernika un nuevo modelo o estrategia de bombardeo consistente en inmovilizar a las victimas dentro de un anillo de fuego generado por bombas explosivas de gran tamaño y una extraordinaria proporción de bombas incendiarias.
2-¿Quién ordenó bombardear Gernika?
     Franco. Nadie más podía ordenar un bombardeo sobre una población. Por supuesto, la movilización de 59 aviones, el 20% de la fuerza aérea rebelde en abril de 1937 sobre un único objetivo durante tres horas y media, no pudo pasar inadvertida al general Alfredo Kindelán, jefe del aire del ejercito golpista. Se siguió la cadena de mando y la disposición del artículo tercero de las ordenanzas del aire:la orden de bombardeo sobre poblaciones solo puede emanar del cuartel general del generalísimo.
 3-¿El ataque a Gernika estaba preparado para el lunes 19 de abril?.       ¿Por qué se cambió la fecha?
    El mal tiempo obligó a las bombarderos rebeldes a quedarse en tierra varios días entre el 12 y 24 de abril.
El día 19, no llovió abundantemente pero las nubes eran excesivamente bajas, además las tropas rebeldes apenas habían avanzado 15 kilómetros hacia el norte y menos de 5 kilómetros hacia el oeste y se hallaban aún a dos meses de alcanzar Bilbao.
El bombardeo debla realizarse un lunes, día de mercado, por lo que se aplazó una semana, hasta el día de 26. La táctica de los mandos alemanas e italianos era golpear fuertemente y quebrar la moral del enemigo.
4-¿El pacto de no intervención de las potencias europeas durante la   Guerra Civil española fue una" farsa deshonesta", como dijo el embajador estadounidense en España? 
       Si lo fue. De hecho fue la primera gran mentira: "Italia y Alemania no han enviado tropas en apoyo a Franco... son voluntarios". Acto seguido, se subrayó el papel de estos regímenes en el seno del comité de no-intervención y se negó a la República la compra de armamento.
La Guerra Civil Española no fue tan civil y tan española.
El escenario bélico español permitió poner a prueba la maquinaria de guerra alemana, partiendo de la base que dirigentes nazis como Goring pesaban que la segunda en el aire. No se equivocaba. La Segunda Guerra Mundial se sentenció con dos bombas atómicas.
Mientras el bando sublevado recibía la ayuda descarada de Alemania e Italia, en el bando republicano, las autoridades vascas solicitaban a diario que les enviaran cazas. Sin éxito. 
5-¿Cuantas personas fallecieron en el ataque?
Más de 2000 personas perdieron la vida en Gernika el 26 de abril. El debate en torno al número de victimas es una cuestión metodológica. Todas las documentos de que disponemos y cincuenta directos corroboran esta cifra. Todas ellas cumplen los ocho principios básicos para la valoración de las evidencias historio-gráficas. Estos cincuenta testimonios constituyen el 100% de los testigos directos del bombardeo que dieron a conocer de forma libre y sin coacción un número de víctimas mortales en un momento próximo al tiempo en el que tuvieron lugar los hechos en cuestión, suscribieron un número de víctimas igual o superior al proporcionado por el reportero George Steer (800 víctimas mortales), en linea con la relación de víctimas mortales elaborado por el gobierno de Euskadi. La literatura reduccionista  se limite a tildar de "exageraciones" estas cifras sin ningún aporte documental. El caso de la utilización indebida e incluso fraudulenta de fuentes históricas en el documental que lo soporte. Metodológica y éticamente, esto es del todo inapropiado.

El Gernika de Picasso.
6-¿Franco llego a vetar una investigación del comité de No-Intervención?Si. El 27 de abril el bombardeo ya había saltado a la primera prensa mundial y se convirtió de inmediato en un tema de enorme calado mediático. Por citar ejemplos, The New York Times publicó 63 artículos sobre el bombardeo en los 76 días que separan el 26 de abril del 14 de julio y la Vanguardia publicó un total de 93 artículos sobre el bombardeo en 1937, 72 de ellos antes de que Picasso colgara su magnifico lienzo en la exposición universal de París. Este hecho provocó la mentira franquista y, como reacción a la misma, el lehenda-kari Aguirre pidió una investigación internacional neutral. Franco nego esta posibilidad y tanto Joachin Von Ribbentrop como Dino Grandi se encargaron de dinamitar esta iniciativa en el seno del comité de no-intervención esgrimiendo que los muertos de Gernika "ciudad de segunda o tercera importancia" no eran muchos y que, por consiguiente, este hecho no merecía una atención especial.
Incluso se instauró la ley del silencio entre los habitantes de Gernika. Hablar del bombardeo fue durante mucho tiempo delito. Una anécdota lo ilustra. Un nuevo párroco fue destinado a Gernika tras el bombardeo, en cargado de perpetuar la historia del incendio. Un día tras otro el sacerdote repetía desde el púlpito la misma historia a los fieles, muchos de los cuales acudían a diario a misa. Tras un tiempo dos de estas mujeres comentaron al sacerdote en privado que no habían quemado Gernika y que la villa había sido bombardeada. Un día después se presentaron las autoridades ante las puertas de ambas. Allí se les rasuró y se les dio de beber aceite de ricino, Posteriormente fueron paseadas a través de Gernika durante todo un día. Cumplieron una pena de 27 meses en prisión. Así aprendieron a repetir que Gernika había sido pasto de las llamas.
Gernika se convirtió en un símbolo de las libertades y de la democracia a partir del siglo XVIII y, fundamentalmente, tras la Primera Guerra Carlista cuando en 1853 Iparraquirre compuso el zortziko Gernikako Arbola, que es un himno para los vascos. Y por construir tal símbolo ha sido objeto de graves violencias. Cien años antes del bombardeo, bajo el lema del partido liberal "fueros y petróleo", el general Baldomero Espartero ordenó quemar el roble de Gernika, la casa de Juntas y el conjunto de la villa, y colocar un inscripción sobre sus ruinas en la que se leyera :"Aquí fue Gernika". Los símbolos atraen a menudo lo mejor y lo peor de cada pueblo y en consecuencia son objeto de veneración y también de vejación.
Video:

Comentario: Los bombardeos realizados sobre diversas ciudades de Euskadi, Bilbao, Durango, Gernika cte, provocaron la caída del Frente Norte y le infligieron una fuerte derrota a la República. obligaron al ejercito vasco a rendirse en Santoña, firmando un pacto (Pacto de Santoña) cargado de manipulaciones históricas, otra historia terrible y triste que es preciso conocer. Hay un libro de Iñaki Anasagasti y Koldo San Sebastián (El otro Pacto de Santoña) que habla del tema y del cual incluiré un enlace.