viernes, 24 de abril de 2020

LA BATALLA DEL EBRO

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Pieza antiaérea republicana con su dotación 
La batalla del Ebro fue una batalla librada durante la guerra civil española. Fue la batalla en que más combatientes participaron, la más larga y una de las más sangrientas de toda la guerra. Tuvo lugar en el cauce bajo del valle del Ebro, entre la zona occidental de la provincia de Tarragona (Tierra Alta) y en la zona oriental de la provincia de Zaragoza (Mequinenza) y se desarrolló durante los meses de julio a noviembre de 1938.


Durante la última semana de julio y el mes de agosto de 1938, la aviación del bando sublevado, además de bombardear las posiciones republicanas al otro lado del Ebro y los puentes y medios de paso tendidos sobre el río, también se concentró en las comarcas de Tarragona por donde habían de pasar los refuerzos republicanos que se dirigían al frente del Ebro.


Bando republicano
Por parte republicana, las fuerzas que intervendrán en la operación son las integradas en la recién creada Agrupación Autónoma del Ebro, al mando del Teniente coronel de Milicias Juan Guilloto León. La componen unos 100 000 hombres. Entre estas tropas se encuentran las divisiones más fogueadas del bando republicano aunque, ante el aislamiento de Cataluña del resto del territorio republicano, han debido ser recompuestas por soldados catalanes muy jóvenes, de 17-18 años, sin experiencia de combate pertenecientes al reemplazo de 1941; es la llamada Quinta del biberón

Bando franquista

Por el lado sublevado, las fuerzas que toman parte son integradas en el Ejército del Norte. La unidad destinada a la defensa de la línea del Ebro era el Cuerpo de Ejército Marroquí, al mando del general Yagüe. Estas tropas se encuentran desplegadas a todo lo largo de la margen derecha del Ebro, desde el río Segre hasta el Mediterráneo. Ante la preparación de las tropas republicanas, se hizo evidente para estas tropas que los republicanos planeaban el cruce del río pero, a pesar de los preparativos de estos, no hubo ninguna acción para rechazar el ataque.

Durante la batalla del Ebro, como ya venía sucediendo desde febrero de 1938, los bombardeos republicanos sobre la retaguardia de la zona sublevada fueron muy escasos. El 7 de noviembre se produjo el bombardeo de Cabra, que constituyó «el más mortífero de los bombardeos realizados por la aviación republicana en toda la guerra»
 
El paso del río 24 de julio de 1938

Final
Constituyó el enfrentamiento decisivo de la contienda, ya que en ella se decidió el final de la Guerra Civil, en un contexto europeo inmerso en la crisis de los Sudetes, que parecía a punto de estallar, y que, efectivamente, acabaría uniendo la guerra europea con la guerra de España. Aunque el ejército republicano logró obtener una importante victoria inicial, la victoria final fue para los sublevados. Un gran número de bajas humanas y materiales y cuatro meses de lucha después, las tropas republicanas volvieron a cruzar el río EbroTras una decisiva ofensiva sublevada, quedó sellado el destino de la Segunda República Española. El asalto republicano sobre el Ebro terminaba finalmente tras varios meses de encarnizada lucha. Si bien el éxito inicial pareció hacer entrever que el resultado de la guerra no estaba claro.



Consecuencias 
Las pérdidas humanas y materiales por ambas partes fueron tremendas, cifradas por algunos historiadores entre 6500 muertos por el bando sublevado y unos 10 000 muertos (algunos autores los elevan a 15 000) en el bando republicano. Las bajas totales entre ambos bandos llegan a los 100.000 hombres, incluyendo cerca de 20.000 prisioneros republicanos.​ Ambos bandos perdieron una gran cantidad de equipo militar terrestre y aviones sobre todo, especialmente la aviación republicana, con más de 100 aviones derribados, puesto que ya no podría reponer estas pérdidas.
Durante la batalla se hicieron populares canciones como El paso del Ebro y Si me quieres escribir, que posteriormente se han convertido en iconos de la cultura popular ligados a la batalla, y darían lugar a las más famosas canciones de la guerra civil española.

miércoles, 22 de abril de 2020

INTERVENCION EXTRANJERA EN LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA.

La guerra civil española o guerra de España, también conocida por los españoles como guerra civil por antonomasia, fue un conflicto bélico que se desencadenó en España tras el fracaso parcial del golpe de Estado del 17 y 18 de julio de 1936, llevado a cabo por parte de las fuerzas armadas contra el gobierno de la Segunda República. Tras el bloqueo del Estrecho y el posterior puente aéreo que, gracias a la rápida colaboración de la Alemania nazi y la Italia fascista, trasladó las tropas rebeldes a la España peninsular en las últimas semanas de julio, comenzó una guerra civil que concluiría el 1 de abril de 1939 con el último parte de guerra firmado por Francisco Franco, declarando su victoria y estableciendo una dictadura que duraría hasta su muerte.


La guerra tuvo múltiples facetas, pues incluyó lucha de clases, guerra de religión, enfrentamiento de nacionalismos opuestos, lucha entre dictadura militar y democracia republicana, entre revolución y contrarrevolución, entre fascismo y comunismo.


                          
Imagen de soldados proclamándose en la guerra civil española.




La intervención extranjera en la guerra civil española es el relato del papel que desempeñaron en la guerra civil española los diversos países que intervinieron en favor de uno de los bandos enfrentados (Alemania nazi, Italia fascista y Portugal corporativista en favor del bando sublevado, y la Unión Soviética y México en favor del bando republicano, y también el papel que desempeñó la política de "no intervención" seguida por Reino Unido, Francia y EEUU).


                                    
Imagen de los países intervencionistas en la guerra civil española.


INTERVENCIÓN EXTRANJERA EN FAVOR DE LOS SUBLEVADOS.


Las ayudas al bando sublevado se materializaron en la Legión Cóndor alemana (6000 hombres) y el Corpo Di Truppe Volontarie italiano (40000 hombres) más un contingente de combatientes portugueses denomiados Viriatos.
Los combatientes alemanes, italianos y portugueses eran en realidad soldados regulares a los que se les proporcionaba una paga en su país  de origen, aunque la propaganda de los sublevados siempre los presentó como "voluntarios".


INTERVENCIÓN EXTRANJERA EN FAVOR DE LA REPÚBLICA.

En el caso gubernamental los combatientes extranjeros tuvieron una organización general que dió lugar a las brigadas internacionales (por las que pasaría también un total aproximado de 40000 hombres). El material de la guerra que la República recibió fue esencialmente soviético (1100 aviones, 300 carros de combate, 1500 cañones) Con algunas pequeñas partidas francesas, de artillería o aviones, y fusiles y munición mexicanos. El problema de la evolución cuantitativa de esas entregas de armamento siue en pie y la valoración de sutilidad también.


-  Vídeo de la intervención extranjera en la guerra civil española:


martes, 21 de abril de 2020

SUCESOS DE MAYO DE 1937 EN BARCELONA

El expresidente de la Generalitat Lluís Companys, protagonista de la guerra civil catalana de mayo del 37
El expresidente de la Generalitat Lluís Companys durante un mitin
Las Jornadas de Mayo de 1937, también denominados Sucesos de Mayo o los Hechos de Mayo, hacen referencia a una serie de enfrentamientos ocurridos entre el 3 y el 8 Mayo de 1937 en diversas localidades de las provincias de Cataluña, con epicentro en la ciudad de Barcelona, en el contexto de la guerra civil española. En estos sucesos se enfrentaban los grupos anarquistas y trotskistas, por un lado, y el Gobierno de la República, la Generalidad de Cataluña y algunos grupos políticos, por otro lado. Fue el punto culminante del enfrentamiento entre la legalidad republicana de la preguerra y la Revolución Española de 1936, que estaban en roce constante desde el 18 de julio de 1936. Al comenzar la primavera de 1937 las tensiones políticas se hacían intolerables y presagiaban la explosión. Desde la segunda quincena de abril, la rebelión de los anarquistas era tan abierta que el presidente de la Generalitat, Lluís Companys i Jover, hubo de exhortarles a la calma, tomando medidas para desarmarlos. El 16 de abril, Companys reorganiza el Gobierno, excluyendo de él a los anarquistas. Según testimonio del presidente del Gobierno de la República Manuel Azaña Díaz, el presidente de las Finanzas y Cultura de la Generalitat, Josep Tarradellas i Joan manifestó más tarde que la mayor responsabilidad de los sucesos de mayo recaían por partes iguales a Companys y al Consejero de Seguridad Interior Artemi Aiguadé. Al primero, por referirse demasiadas veces a entablar la lucha con los anarquistas y al segundo, por lanzarse a la lucha sin prepararse ni consultar al presidente del “Consell”, que era el propio Tarradellas. 

En su libro Memorias políticas y de guerra, Manuel Azaña describió como era aquella Cataluña de la primavera de 1937:

“Ahí no queda nada: Gobierno, partidos, autoridades, servicios públicos, fuerzas armadas, nada existe. Es asombroso que Barcelona se despierte cada mañana para ir cada cual a sus ocupaciones. La inercia. Nadie está obligado a nada; nadie quiere ni puede exigirle a otro su obligación. Histeria revolucionaria que pasa de la palabra a los hechos para asesinar y robar; ineptitud de los gobernantes, inmoralidad, cobardía, ladridos y pistoletazos”.
Aporta, además, un detallado apéndice de notas biográficas y precisiones históricas que facilitan la lectura y comprensión del texto.
libro de Agustin Guillamón
El asesinato de Antonio Martín en Bellver de Cerdaña, el 27 de abril de 1937, supuso la ruptura del pacto tan laboriosamente alcanzado. Escorza puso en alarma a los comités de defensa al desvelar la información sobre un próximo golpe de fuerza del bloque contrarrevolucionario. Escorza hizo saltar la chispa, pero se mostró contrario a una insurrección que consideraba prematura y mal preparada, sin objetivos ni coordinación.
Los decretos de la Generalidad del 4 de marzo de 1937 creaban un Cuerpo Único de Seguridad (formado por la Guardia de asalto y la Guardia civil) y disolvían (en un futuro inmediato) las Patrullas de Control. Tales decretos provocaron la dimisión de los consejeros cenetistas y una grave crisis de gobierno.

La provocación del 3 de mayo, cuando Eusebio Rodríguez Salas asaltó la Telefónica, movilizó a los comités de defensa, que en dos horas declararon la huelga revolucionaria, se apoderaron de todos los barrios obreros y levantaron barricadas en el centro de la ciudad y en lugares estratégicos. Los comités superiores cenetistas (especialmente Eroles y Asens) intentaron controlar a los comités de defensa, pero fueron desbordados y no consiguieron controlarlos.

La mañana del 4 de mayo Julián Merino convocó una reunión del Comité Regional, consiguiendo que se formase un Comité Revolucionario de la CNT (formado por Merino, Ruano y Manzana) y dos comisiones para coordinar y extender la insurrección. En esa misma reunión se nombró una delegación cenetista, encabezada por Santillán, para negociar en el Palacio de la Generalidad una salida pactada. La CNT jugaba con dos barajas: la insurreccional y la negociadora; Companys (presidente de la Generalidad) y Comorera (secretario del PSUC) sólo jugaban con la baraja de la provocación, con el certero objetivo de conseguir la aniquilación de los insurgentes, la debilitación de la CNT y un gobierno fuerte.


En la tarde del 4 de mayo, los trabajadores revolucionarios barceloneses, armados en las barricadas y dispuestos a todo, no fueron derrotados por el PSUC, ni por ERC, ni por las fuerzas de orden público del gobierno de la Generalidad. Fueron sometidos por los mensajes apaciguadores de la radio. El intento revolucionario de encontrar una coordinación y un objetivo preciso a la insurrección en curso, fracasó. Cuando toda Barcelona era ya una barricada, los obreros en armas fueron vencidos y humillados por las peroratas radiofónicas de los comités superiores cenetistas, y muy especialmente por el discurso del beso de Joan García Oliver.
El 5 de mayo, al mediodía, Sesé, cuando iba a tomar posesión de su cargo de consejero, fue tiroteado desde el Sindicato de Espectáculos de la CNT, al no atender el auto en que viajaba el alto del control de una barricada. Companys, en represalia, ordenó repetidamente a la aviación que bombardease los cuarteles y edificios en poder de la CNT. Los Amigos de Durruti lanzaron una octavilla que intentaba dar unos objetivos concretos a la insurrección: sustitución de la Generalidad por una Junta Revolucionaria, fusilamiento de los culpables de la provocación (Rodríguez Salas y Artemi Aguadé), socialización de la economía, confraternización con los militantes del POUM, etcétera. Los comités superiores desautorizaron inmediatamente esa octavilla, que tuvo la virtud de reavivar la lucha en las barricadas.

Los días 5 y 6 de mayo fueron los de mayor auge de la lucha callejera. Los conatos cenetistas de tregua, o abandono de las barricadas, siguiendo las consignas radiofónicas y de la prensa, fueron aprovechados por el bloque contrarrevolucionario para consolidar posiciones; hecho que a su vez provocó que los revolucionarios reanudaran los combates y se volviera a las barricadas.

El 7 de mayo era evidente que la insurrección había fracasado. Las tropas enviadas desde Valencia desfilaron por la Diagonal y ocuparon toda la ciudad. Los comités superiores, en los días siguientes, intentaron ocultar todo lo sucedido, arreglar las actas en proceso de redacción y en definitiva evitar en lo posible la previsible represión estalinista y gubernamental contra la Organización y contra los protagonistas más destacados.


El 8 de mayo las calles vuelven a la normalidad con algunos incidentes aislados y se empiezan a desmontar las barricadas. Los disturbios de Barcelona habían acabado finalmente. La prensa de la época calculó el número de bajas en 500 muertos y 1000 heridos.​ Las Jornadas de Mayo tuvieron también un campo de actuación secundario en muchos pueblos, principalmente de las provincias de Barcelona y Tarragona.Si hubiese que resumir mayo del 37 en una frase, ésta debería explicar que los trabajadores revolucionarios, armados en las barricadas y decididos a todo, fueron abatidos por los llamamientos al alto el fuego emitidos por la radio: Barcelona fue una insurrección derrotada por la radio.


Repercusiones y consecuencias

Las Jornadas de Mayo tuvieron unas profundas y largas consecuencias. De un lado demostraron que ya no existía cohesión entre los anarquistas, como sí había existido en el 18 de julio de 1936. Se había abierto un foso entre los ministros anarquistas, absortos en la tarea de ganar la guerra, y las juventudes anarquistas, obcecadas en hacer triunfar, por encima de todo, la revolución. Personajes en otro tiempo muy influyentes, como Escorza o García Oliver, habían perdido el control sobre sus propios seguidores.​ La crisis demostró que no podría haber tregua entre los comunistas y el POUM. La Generalidad de Cataluña fue restaurada en sus funciones, entrando en ella un solo representante de la UGT(el comunista Vidiella), otro de la CNT (Valerio Mas) y otro de Esquerra (otra vez Tarradellas). Algunos responsables de las muertes fueron juzgados después, pero solo en Tarragona, y no se les condenó a muerte sino solo a penas de prisión.​La Generalidad de Cataluña, los comunistas y el gobierno central parecían dispuestos a actuar conjuntamente contra los extremistas, por la fuerza, si era necesario. El nuevo director de Orden Público en Barcelona, José Echevarría Novoa, no tardó en restaurar la normalidad en gran parte del sistema judicial,​ pero, de este modo, los comunistas pudieron emprender con mayor facilidad su cruzada contra el POUM. Las autoridades republicanas no tomaron más medidas contra la CNT-FAI debido al gran poder que todavía detentaban y también por su gran apoyo popular. La situación del POUM fue bien distinta, ya que el gobierno republicano acabaría ilegalizando el partido poco tiempo después (el 16 de junio) y detuvo a sus principales dirigentes, entre ellos Julián Gorkin y Andreu Nin. El POUM acabaría desapareciendo del mapa político, mientras que el movimiento anarquista nunca volvería a intervenir en la guerra como había hecho hasta ahora. A la larga, estas disputas internas que desgarraban a la República supusieron un lastre en su unidad interna frente a los sublevados. Consecuencia misma de los Sucesos de Barcelona fue la caída del Gobierno de la Victoria de Largo Caballero y la salida de los 4 ministros anarquistas que tenían representación en él, además de una clara victoria en la influencia y poder de los comunistas dentro del bando republicano.​ Para George Orwell, que vivió en primera persona los sucesos de mayo de 1937 en Barcelona, sólo se puede entender lo que ocurrió mediante la perspectiva de que las fuerzas comunistas deseaban ejercer el control total sobre la República y no iban a permitir una revolución que no podían controlar; según él, esa reacción contra la revolución fue uno de los motivos principales por los que se terminó perdiendo la guerra
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domingo, 19 de abril de 2020

LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA

La Guerra Civil de 1936-1939 constituye el acontecimiento más importante, más drámatico y más polémico de nuestra historia reciente. Pondrá fin al proceso liberal iniciado con el fin del Antiguo Régimen, originando una dictadura personal de casi cuatro décadas. Provocará una tragedia humana (muerte, represión, exilio) y económica de enorme dimensiones. En fin, generará una vastísima bibliografía, fruto del gran interés que suscita, que debatirá con más o menos objetividad todos los hechos del conflicto (causas, nombre de los contendientes, número de muertos y represaliados, ayuda extranjera, etc.)
Pero por si fuera poco todo esto, la Guerra Civil situó a España en el punto de mira internacional. Al desarrollarse en un contexto político de crisis (quiebra democrática ante el avance fascista y comunista), el conflicto español pasó a primer plano mundial al convertirse en centro de experimentación de estos dos totalitarismos.

A través de una serie de entradas repasaremos algunos de los acontecimientos más relevantes de este episodio trascendental para la Historia contemporánea de España.